Reseña Literaria

Almanegra

Almanegra

Almanegra es la segunda entrega de la Trilogía del Perdón, y llega con todo el peso que eso implica: personajes que ahora tienen que cargar con sus propias decisiones, un mundo que se expandió del corazón de las misiones jesuíticas a las calles coloniales de Buenos Aires, y una historia que en esta vuelta no le esquiva a las sombras ni a los grises.

Emanuela llega a la ciudad sola, lastimada y con el corazón roto. La traición de Aitor la obligó a abandonar el único mundo que conocía, y en Buenos Aires se enfrenta a amenazas nuevas, entre ellas la de la Inquisición, que la persigue por sus dotes de sanadora. Florencia Bonelli construye con detalle el ambiente colonial bonaerense, y se nota la investigación histórica detrás: los peligros del Santo Oficio, la vida de las mujeres atrapadas entre el mandato ajeno y el propio deseo, la falta de libertad que lo impregna todo. Para quien no esté dispuesta a leer en clave histórica puede costar comprenderlo desde la cabeza de hoy, pero es exactamente ese contexto el que le da profundidad a la historia.

Lo que sí puede resultar más difícil de sostener es la dinámica entre los protagonistas. Aitor y Emanuela tienen una química innegable, pero en este libro esa química es más visceral, más carnal, más impulsiva que en Jasy. Si el primer libro mostraba un amor que crecía con ternura y tensión, este segundo se apoya mucho más en el deseo físico —con escenas explícitas que lo dejan muy en claro— a veces a costa de la construcción emocional del vínculo. Los dos siguen siendo profundamente impulsivos y tercos, y eso tiene consecuencias. Cometen errores similares a los del primer libro casi como si no hubieran aprendido nada, y ese bucle puede resultar frustrante para quien esperaba verlos crecer un poco más.

La posesividad de Aitor, los celos de quienes rodean a Emanuela, la incapacidad de ella de confiar en sí misma o de poner límites firmes: todo eso convive en la historia y pesa. Los personajes secundarios aportan tensión y peligro, aunque alguno cae en el cliché más de lo necesario. Hay momentos en que el peso del mandato ajeno sobre la vida de Emanuela se vuelve agobiante, pero eso también es parte del retrato de una época en que las mujeres tenían muy poco margen para ser libres.

Dicho todo eso, seguí leyendo. Y eso dice mucho. Bonelli tiene ese poder particular de que, aunque la historia te fastidie en algunos tramos, no podés soltarla. El final me sorprendió para bien: no lo vi venir, pero cuando llegué tenía sentido, y esa es la firma de una escritora que sabe exactamente lo que hace aunque en el camino juegue con la paciencia del lector.

Almanegra es una novela intensa, histórica y muy adulta en su contenido —no está pensada para menores de 16 años. Se la recomendaría especialmente a quienes quieran entender cómo se vivían las relaciones en ese contexto colonial: la influencia de lo ajeno, la dependencia, la falta de libertad, el mandato. No es una historia que se lee en modo feliz. Es una historia que incomoda y hace pensar. Y a veces eso es exactamente lo que un libro tiene que hacer.

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